Champerico, Departamento de Retalhuleu, Guatemala
    Feb 2005

    El consumo frenético de nuestras sociedades civilizadas ha congestionado el Canal de Panamá. Desde las ventanas de Colón se pueden ver los mismos barcos inmóviles por horas, o en ocasiones días, esperando las palabras mágicas que abran las puertas de los grandes sésamos del Gatún, Miraflores, y Pedro Miguel. Los productos se impacientan – no es justo que deban esperar tanto tiempo para ser comprados. 

    La creatividad de la fuerza neoliberal es realmente admirable. Se les explicó a los oligarcas norte del canal, jugadores de siempre, que ahora el nuevo equipo se llamaría CAFTA, el esquema táctico Plan Puebla Panamá (PPP), y el juego libre comercio. Ah si, pero las cabezas que siempre se han usado como balones no cambiarían.

    Para apaciguar a los pobres productos que deben esperar tanto en ser consumidos, el PPP propuso que Guatemala construyera un canal seco de costa a costa: Tren rápido con mega-puertos en cada litoral para descargar los bienes en el caribe, y 5 horas después cargarlos en un barco en el pacífico. No sé, hasta a mi me parece buena la idea.

    El problema es que esos malditos muertos de hambre y la puta naturaleza que los parió siempre están en el camino del progreso. ¿Por que desarrollar una ruta que no dañe la enorme riqueza natural del país al igual que poblados históricos, cuando todos sabemos que el trayecto más rápido entre dos puntos es una línea recta? Pisotear la naturaleza es algo fácil y común, y no solo en Guatemala. Y bueno, sacar indios a balazos de sus chozas se viene haciendo por 500 años.

    En el último día de agosto, en el 2004, cuando los gallos apenas quiquiriteaban, la Policía Nacional Civil comenzaba un desalojo de viviendas ilegales cerca del Pacífico Chapín. Al fin del día, el saldo era de 9 muertos en la finca Nueva Linda. El dueño, íntimo amigo del Presidente de la República al igual que del gobernador del estado de Retalhuleu, se cansó de saber que la chusma ocupaba su extenso terreno ocioso y que cultivaban milpa cerca de sus casas de lámina. Según la definición universal, una masacre ocurre cuando más de 5 personas son asesinadas en un mismo evento. Sin embargo, los dueños de los medios de comunicación, también amigos de los dueños de todo lo demás, se aseguraron de culpar a los muertos por su propia muerte. Aparentemente la policía encontró una AK-47: obvia prueba de que guerrilleros radicales y extranjeros  alborotadores (específicamente Zapatistas) planificaban un levantamiento armado desde la finca. Que bueno que se les paró.

    A unos cuantos kilómetros de la finca Nueva Linda, entre los manglares de la reserva ecológica Manchón Guamuchal, me encuentro en una balsa rumbo a la comunidad de El Chico. Único acceso a esta aldea perdida en la selva es por tributarios del río Samalá. Por más de 50 años, las 200 familias que habitan esta aldea vivieron tranquilamente de la pesca y siembra de subsistencia, sin percibirse de lo que pasaba en su propio país. La exterminante guerra civil que sacudió a Guatemala por 36 años ni se sintió aquí. Aquí los títulos de tierra nunca han existido; No son necesarios.

    Sin embargo, pocos meses después de la masacre en Nueva Linda, el dueño de los pantanos donde se encuentra El Chico apareció repentinamente, reclamando sus terrenos olvidados por 5 décadas. Se les amenaza de ser desalojados si no se van. ¿Pero a donde? ¿Y por qué? Ah si, resulta que el mega-puerto de Champerico, terminal occidental del gran canal seco, será construido sobre la finca Nueva Linda y la comunidad de El Chico, entre otros.

    Después de Nueva Linda, las comunidades del área saben que están marcadas a muerte. La ley oficial cuenta que si se puede comprobar que llevan más de 10 años, se les puede otorgar títulos de tierra. Pero la ley que realmente vale, usa el terror como táctica. Paso algunos días compartiendo la vida con ellos, esperanzado de que mi presencia les dé un poco de apoyo moral para enfrentar la monumental lucha que les aguarda.

    Mientras tanto, en los televisores de las grandes naciones, no aparecen las selvas destruidas, ni los rostros de los masacrados, ni los que seguramente se quedarán sin hogar próximamente. Solo las verdaderas estrellas de esta vida son protagonistas en las pantallas: los productos que aguardan dueños.



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