
El reino
de Tailandia, antiguo reino de Siam, y aún más antiguo
reino de Ayutthaya, se
enorgullece hoy de su historia: desde el inicio de la dinastía
Chakri en 1782,
se ha logrado esquivar ocupación y colonización. Reinos e
imperios de varios
continentes han intentado la hazaña, siempre fracasado. Vecinos
como Birmania,
el imperio Khmer y el Vietnam, consiguieron arrebatarle uno que otro
territorio.
Los omnipresentes franceses e ingleses salieron frustrados en los
siglos 19 y
20, mientras los japoneses lograron alinearlos en su bando durante la
2ª guerra
mundial. Pero los astutos tailandeses percibieron que ese barco se
hundía, y
saltaron a la nave norteamericana. La historia nos dice que hoy en
día
Tailandia es independiente, pero en el sur global, la realidad siempre
es
relativa.
Caminando
por las calles de la antigua capital de Ayutthaya, los antiguos wats y sus estructuras coníferas comparten
calles y plazas con viviendas de ladrillo y teja. Es difícil
distinguir cual es
ruina del siglo 13 y cual es vivienda del siglo 21. Perdido en un
callejón,
niños juegan al bádminton sobre charcos de lodo. En su
asombro, me uno al
juego, y minutos después me encuentro tomando una limonada en un
patio. Abuelas
y tías sonríen y hacen gestos – la palabra farang
es repetida más de una vez. Sé que hablan de mí,
el extranjero.
Repentinamente,
aparece una chica entrando más o menos en su segundo cuarto de
siglo. Se
defiende bien en el inglés. Pero entre mas rojo se torna el sol
sobre las palmeras,
menos entiendo su situación: Resulta que se acaba de casar con
un farang de Arizona, al cual solo conocía
por correos electrónicos - Me crece el interés por su
pasado... El hombre
resulta ser más de 30 años su mayor, y por la foto que me
enseña, el triple de
su peso – no me cuadra lo acontecido... Aparentemente solo ha
visto a su nuevo
marido unas horas de su vida, hace unas semanas atrás, cuando
este vino a
culminar el trato... Me llega un escalofrío, e inmediatamente me
doy cuenta que
converso con lo que llaman Mail-order
bride, una esposa comprada por correspondencia. El concepto me
atolondra
por unos instantes.
Inconscientemente
no puedo evitar preguntarle si tiene miedo de ir. Percibo un pavor
disimulado
en su sonrisa anormal y búsqueda de apoyo en sus ojos fundidos,
pero la
respuesta es honesta. Lo equivalente a un “pues, si”. Los
niños corren en
círculos de felicidad y otros familiares ríen y beben,
celebrando la fortuna de
la joven chica. Ella ni siquiera conoce Bangkok, pero pronto
vivirá en Arizona.
Vivirá en los Estado Unidos de América, que es lo que
importa, y así logrará asegurar
el futuro de la docena de gente que nos rodea. Le digo que no se
preocupe, y
sonrío. Pero el temor sobre su futuro me perturba profundamente.
Este gran
imperio del sureste de Asia ha logrado manipular el tiempo como
ningún otro
lugar del mundo. Su imborrable independencia mantiene un cronometro en
movimiento perpetuo. Mientras tanto, de manera diaria, también
logra congelar
el tiempo cuando un segundo reloj marca las 8 y 18 horas. Comerciantes
paran a
medio paso en el metro de Bangkok al igual que los mercaderes en las
banquetas
de Chiang Mai - son momentos para elogiar al gran monarca. El himno del
rey es
el único sonido que retumba los timbales esas dos veces por
día. Al finalizar
el credo nacional, los comerciantes continúan andando y los
mercaderes terminan
su venta.